Ley de Responsabilidad Penal Juvenil, ¿crimen o castigo? Octubre 23, 2007
Posted by noelfontanes in Opinión, Politica.trackback

Frente a la muerte de 8 muchachos en el incendio del Centro de Detención de Puerto Montt, detenidos para ser juzgados conforme a la nueva Ley de Responsabilidad Juvenil, el ministro de Justicia de Chile, Carlos Maldonado instituyó un sumario para indagar “hasta el último detalle cuales fueron las circunstancias en que se produjeron estos hechos”. Lo mismo sucede con Eugenio San Martín, director nacional del Sename, Carlos Navarro, director regional de la misma institución, y Fanny Pollarolo, directora del Departamento de Responsabilidad Penal Juvenil del Sename, encargada de realizar un sumario.
Todas estas personas son responsables directas de esta tragedia y debían presentar su renuncia inmediata o ser despedidos por negligencia al no advertir el desastre que significa aplicar una ley sin contar con el personal adecuado y capacitado y sin la debida infraestructura dedicada a proteger y rehabilitar la conducta de los jóvenes. Se trata de otra versión del Transantiago, donde la incapacidad y la mediocridad se convierten en un jugoso negocio para algunos, y donde los principales actores desaparecen, se esfuman o anuncian su próxima renuncia para gozar de suculentas indemnizaciones. Ya que el gobierno, al parecer no espera pedir explicaciones a estos funcionarios, como tampoco ha hecho en Ferrocarriles y Chiledeportes entre otros grandes escándalos, sería de mínimo respeto hacia la ciudadanía que al menos se les impida que sean ellos mismos los que realizan las indagaciones.
Estamos hablando aquí de un crimen, no de una negligencia. De un crimen contra la juventud, que comienza con la sanción de la Ley de Responsabilidad Penal Juvenil, que evidentemente pretende encarcelar a los jóvenes que cometan algún delito, quitándoles todos sus Derechos a partir de los 14 años. El Estado de Chile ignora así todos los tratados internacionales que ha suscrito sobre los Derechos de los Niños. En lugar de preocuparse de mejorar la educación, la peor del mundo, que genera jóvenes ignorantes y desinformados, o hacer una campaña efectiva contra la drogadicción y la violencia en las escuelas, no repara en encarcelarlos en cárceles inmundas dirigidas por ineptos.
Educar y rehabilitar a los jóvenes requiere de grandes recursos humanos y económicos. Primero debieron legislar sobre la obtención de estos recursos que se logran de los 40 mil millones de dólares guardados debajo del colchón del Ministro de Economía, o con nuevos impuestos. Como nada de esto ocurre ni ocurrirá, porque se requiere de inteligencia y humanidad, cosa que la actual sociedad chilena carece, nos encontramos en un camino directo hacia una explosión social que se producirá cuando las cárceles juveniles estén más atestadas de lo que se encuentran en estos momentos, produciendo verdaderos criminales juveniles. Educar es parte de la solución, la otra mitad es darles a los jóvenes esperanza, y esto no es gratis.
Es brutal, y lo dramático es que sucede en muchos países. En nombre de la seguridad pública se legisla contra los pobres, como si no fueran parte de la ciudadanía. Entonces encierran a como de lugar, lo importante es sacarlos de las calles, que no se vea, así no es necesario gastar en políticas sociales para mitigar la desigualdad social. Y quién responde por estos “asesinatos”? Seguro que la ley no es tan “dura” con los burócratas como lo es con los pobres y excluidos. Valen más lo bienes de los ciudadanos que la vida de los nuevos descastados de estos tiempos.