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Televisión y Pluralismo Julio 13, 2007

Posted by noelfontanes in Opinión, Televisión.
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Los candidatos al directorio de TVN, Pérez Yoma (DC) y Mahmud Aleuy (PS)  tienen en común su absoluta ignorancia del tema televisivo y su significado para la sociedad chilena. Pérez calificó en forma extraña el rol que debiera corresponderle, advirtiendo: “El papel que tiene un miembro del directorio es hacer cumplir la ley” (La Hora/País 12/Julio 07), en tanto que Aleuy, en el mismo periódico,  aseguró: “en lo relativo al pluralismo, es la representación de la diversidad que existe en el país y la ampliación de la cobertura nacional”. Esta filosofía del pluralismo, entendida solo como la participación exacta en la balanza entre la Alianza y la Concertación en cada uno de los programas de TVN ya sean de debate político o cotidiano, en cada noticiario e incluso en la información sobre crímenes, robos e irregularidades, ha permitido que durante 30 años tengamos una televisión propia de un país de mentecatos.

Bajo el paraguas del presunto pluralismo ha surgido la censura más atroz que tergiversa el sentido de la televisión como un medio informativo, de educación y esparcimiento para convertirlo en un bodrio  que permanece enredado en interpretaciones de la ley que impiden debatir el propósito mismo de la televisión, como se advierte en la propuesta de los senadores Andrés Chadwick (UDI) y Antonio Gómez (PRSD) que aspiran a que se pueda superar este error. El pluralismo se refiere a la participación de personas cultas y amenas, artistas, científicos, inventores,  arquitectos, historiadores, educadores, alumnos, urbanistas, legisladores, desde luego deportistas, periodistas, ateos,  sacerdotes, homosexuales, comerciantes, reos, poetas, analfabetos, judíos, católicos, evangelicos y musulmanes, niños y todos las minorías que conforman este país que en verdad es diverso y muy distinto al país oficial compuesto sólo por políticos, una minoría de empresarios, futbolistas, opinólogos y jueces alejados de la justicia.

Ser elegido para continuar en el cumplimiento de una ley hecha para la supervivencia de una clase política decadente, puede ser la aspiración de los señores Pérez y Aleuy, pero ciertamente no es lo que merecemos los chilenos.